Uno de cada 20 decesos en Canadá ocurre por muerte asistida

Montreal.- La muerte asistida se ha consolidado como una práctica cada vez más frecuente en Canadá, donde en 2023 representó uno de cada 20 fallecimientos, reflejando la expansión de este derecho desde su legalización en 2016 y el debate social y legislativo que continúa en torno a sus alcances.

Historias como la de Jacques Poissant, un asesor de seguros jubilado de 93 años con cáncer de próstata, ilustran el proceso. Su hija Josée relató que, tras obtener la autorización para la muerte asistida, su padre dejó de sufrir y murió en paz. Cinco años después, su madre tomó la misma decisión a los 96 años, rodeada de familiares y música, en lo que la familia describe como una despedida digna y serena.

El marco legal canadiense ha evolucionado gradualmente. Inicialmente reservado para pacientes en fase terminal, el derecho se amplió en 2021 a personas con enfermedades graves e incurables aun cuando la muerte no fuera “razonablemente previsible”. Actualmente, un comité parlamentario analizará la posible extensión del acceso a pacientes con trastornos exclusivamente mentales, un punto que genera división entre especialistas y legisladores.

Casos como el de Claire Brosseau, una mujer de 49 años con trastorno bipolar que ha agotado múltiples tratamientos, evidencian la complejidad del debate. Mientras algunos expertos advierten que la idea del suicidio puede formar parte de ciertos padecimientos psiquiátricos y temen que la práctica se banalice, otros sostienen que el sufrimiento mental crónico puede ser tan incapacitante como el dolor físico y merece el mismo reconocimiento en la legislación.

Para acceder a la muerte asistida en Canadá, la ley exige que el solicitante sea mayor de edad, tenga capacidad de decisión, padezca una enfermedad grave o incurable y experimente sufrimiento constante e insoportable que no pueda aliviarse. Rachel Fournier, de 71 años y con un tumor cerebral, afirma que saber que puede elegir el momento de su muerte le brinda tranquilidad y le permite mantener la sensación de control sobre su vida.

En paralelo, el fenómeno ha transformado la forma en que algunas familias enfrentan la despedida. Médicos y funerarias describen ceremonias íntimas que celebran la vida del paciente en entornos familiares, desde jardines hasta casas junto a lagos, donde la despedida se convierte en un acto de acompañamiento y alivio frente al sufrimiento.

Con cerca de 80 % de apoyo ciudadano, la muerte asistida en Canadá se mantiene como un tema central en la agenda ética y sanitaria del país, que busca equilibrar el derecho individual a decidir con las preocupaciones sobre la protección de personas vulnerables y la capacidad del sistema de salud mental para responder a estas solicitudes.

Man in glasses with comic blue burst background

Jonathan Lozada En La Red

Uno de cada 20 decesos en Canadá ocurre por muerte asistida

Montreal.- La muerte asistida se ha consolidado como una práctica cada vez más frecuente en Canadá, donde en 2023 representó uno de cada 20 fallecimientos, reflejando la expansión de este derecho desde su legalización en 2016 y el debate social y legislativo que continúa en torno a sus alcances.

Historias como la de Jacques Poissant, un asesor de seguros jubilado de 93 años con cáncer de próstata, ilustran el proceso. Su hija Josée relató que, tras obtener la autorización para la muerte asistida, su padre dejó de sufrir y murió en paz. Cinco años después, su madre tomó la misma decisión a los 96 años, rodeada de familiares y música, en lo que la familia describe como una despedida digna y serena.

El marco legal canadiense ha evolucionado gradualmente. Inicialmente reservado para pacientes en fase terminal, el derecho se amplió en 2021 a personas con enfermedades graves e incurables aun cuando la muerte no fuera “razonablemente previsible”. Actualmente, un comité parlamentario analizará la posible extensión del acceso a pacientes con trastornos exclusivamente mentales, un punto que genera división entre especialistas y legisladores.

Casos como el de Claire Brosseau, una mujer de 49 años con trastorno bipolar que ha agotado múltiples tratamientos, evidencian la complejidad del debate. Mientras algunos expertos advierten que la idea del suicidio puede formar parte de ciertos padecimientos psiquiátricos y temen que la práctica se banalice, otros sostienen que el sufrimiento mental crónico puede ser tan incapacitante como el dolor físico y merece el mismo reconocimiento en la legislación.

Para acceder a la muerte asistida en Canadá, la ley exige que el solicitante sea mayor de edad, tenga capacidad de decisión, padezca una enfermedad grave o incurable y experimente sufrimiento constante e insoportable que no pueda aliviarse. Rachel Fournier, de 71 años y con un tumor cerebral, afirma que saber que puede elegir el momento de su muerte le brinda tranquilidad y le permite mantener la sensación de control sobre su vida.

En paralelo, el fenómeno ha transformado la forma en que algunas familias enfrentan la despedida. Médicos y funerarias describen ceremonias íntimas que celebran la vida del paciente en entornos familiares, desde jardines hasta casas junto a lagos, donde la despedida se convierte en un acto de acompañamiento y alivio frente al sufrimiento.

Con cerca de 80 % de apoyo ciudadano, la muerte asistida en Canadá se mantiene como un tema central en la agenda ética y sanitaria del país, que busca equilibrar el derecho individual a decidir con las preocupaciones sobre la protección de personas vulnerables y la capacidad del sistema de salud mental para responder a estas solicitudes.

Jonathan Lozada En La Red

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