Crear un partido político en México: del derecho ciudadano a una carrera de organización, dinero y votos

¿Qué se necesita realmente para crear un partido político?

Cada seis años, millones de mexicanos reciben una boleta electoral con distintas opciones políticas. Detrás de cada nombre y emblema existe una organización que tuvo que construir una estructura, reunir militantes, demostrar el origen de sus recursos y convencer a ciudadanos de participar.

Pero antes de llegar a una elección existe una pregunta poco explicada: ¿qué necesita hacer un grupo de ciudadanos para convertirse en un partido político nacional?

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce el derecho de la ciudadanía a asociarse libremente para participar en los asuntos políticos del país. El artículo 9 establece el derecho de asociación pacífica con fines lícitos, mientras que el artículo 35 reconoce expresamente el derecho de asociarse individual y libremente para tomar parte en los asuntos políticos.

Ante esta pregunta, decidimos entrevistar a José Fernando González Sánchez, presidente de la asociación civil Movimiento Único de Renovación Opositora MURO A. C., mejor conocido como MURO, para que contara su experiencia y así poder observar el proceso desde el terreno. Su organización intentó construir una nueva fuerza política nacional, pero decidió poner el proyecto en pausa después de recorrer distintas regiones y analizar sus posibilidades.

Su experiencia muestra que una cosa es que la ley permita crear nuevos partidos y otra contar con los liderazgos, estructura, recursos y respaldo ciudadano necesarios.

“Lo más difícil para hacer un partido es contar con la gente y con las ideas”, explicó González Sánchez.

El primer paso: avisar al INE

La Ley General de Partidos Políticos establece el procedimiento para que una organización ciudadana pueda constituirse como partido político nacional.

El primer paso consiste en manifestar formalmente ante el Instituto Nacional Electoral la intención de iniciar el proceso. El artículo 11 establece que la organización debe comunicarlo al INE durante el mes de enero del año siguiente al de la elección presidencial.

A partir de ahí comienza un procedimiento en el que deben acreditarse afiliaciones, realizarse asambleas, presentar documentos básicos y comprobar el origen y destino de los recursos utilizados.

No basta con anunciar la intención de formar un partido: la organización debe demostrar que existe una base ciudadana real y que tiene capacidad para funcionar como una estructura política nacional.

Afiliaciones: demostrar que existe respaldo ciudadano

Uno de los principales requisitos es acreditar un número mínimo de afiliados.

La Ley General de Partidos Políticos en el Artículo 10, numeral 2, incisos b), establece que la organización debe contar con al menos el 0.26 por ciento del padrón electoral federal utilizado en la elección federal ordinaria inmediata anterior.

Además, debe contar con militantes en cuando menos 20 entidades federativas, con un mínimo de 3 mil por entidad, o en 200 distritos electorales uninominales, con un mínimo de 300 por distrito.

Las afiliaciones no se aceptan automáticamente. El INE verifica la identidad de las personas, comprueba que su incorporación haya sido voluntaria y revisa que no exista una doble afiliación con otra organización política.

Los registros que presenten inconsistencias, duplicidades o que no puedan ser validados pueden ser anulados.

Esto último de acuerdo a lo establecido en la Ley General de Partidos Políticos en su artículo 12, numeral 1, incisos a) y b).

Por eso, reunir ciudadanos es apenas una parte del reto. También hay que distribuirlos territorialmente y mantener un control preciso de sus registros.

Un partido nacional necesita presencia nacional

La experiencia de El Muro mostró que la dimensión territorial puede ser uno de los mayores obstáculos.

González Sánchez recorrió distintas regiones para identificar liderazgos y agendas locales. Encontró que las prioridades políticas no eran iguales en todo el país.

“Cada entidad federativa, incluso hacia el interior de cada entidad federativa, hay distintas versiones y perspectivas de la lucha política”, explicó.

Para él, el problema era todavía mayor porque la oposición estaba fragmentada.

“Construir una narrativa desde la oposición siempre es más complejo”, señaló, particularmente cuando existen distintas agendas y grupos que no quieren renunciar a sus posiciones anteriores.

La legislación establece números y territorios; la organización política tiene que convertir esos requisitos en una red de personas y liderazgos capaces de trabajar juntos.

Las asambleas: organización, ciudadanos y gastos

Las asambleas son otra parte fundamental del procedimiento.

En ellas se acredita la participación ciudadana y la organización territorial. El INE supervisa su desarrollo, verifica la asistencia y levanta las actas correspondientes.

En la práctica, organizar una asamblea implica mucho más que convocar personas. Se necesita un espacio, logística, transporte y equipos que puedan coordinar la actividad.

González Sánchez calculó que una asamblea puede representar un gasto aproximado de 30 mil a 40 mil pesos, dependiendo de las condiciones, debido a conceptos como renta del lugar, agua, traslados y atención de los participantes.

El costo se vuelve significativo cuando la organización necesita repetir la operación en numerosos territorios.

Además, una asamblea que no cumpla con las condiciones establecidas puede ser invalidada. Por eso, el trabajo no termina con reunir a los asistentes: hay que demostrar que la reunión se realizó conforme a las reglas.

¿Cuánto cuesta intentar crear un partido?

No existe una cantidad oficial única para determinar cuánto cuesta crear un partido político.

El gasto depende de la estrategia, la estructura territorial y la capacidad de cada organización. Entre los principales gastos pueden estar los recorridos, reuniones, personal, asesoría jurídica, sistemas informáticos, materiales, renta de espacios y administración.

Una estimación citada en una investigación periodística de Forbes México ubicó el costo aproximado entre 15 y más de 40 millones de pesos.

La experiencia de El Muro permite observar el problema desde otra perspectiva. González Sánchez explicó que buena parte de los gastos se generan desde las estructuras locales y deben comprobarse ante la autoridad.

“Las contabilidades para demostrarle a la autoridad cómo se hace la inversión, generalmente vienen de abajo hacia arriba”, explicó.

Por ello, crear un partido requiere tanto capacidad política como administrativa.

La fiscalización: demostrar de dónde salió cada peso

Las organizaciones deben registrar sus ingresos y gastos y presentar la información correspondiente al INE.

El artículo 11, numeral 2 de la LGPP obliga a la asociación de ciudadanos a informar mensualmente al INE el proceder de todos sus recursos de financiamiento.

Mientras que los artículos 53, 54 y 55 de la LGPP, prohíben expresamente recibir aportaciones de poderes públicos, empresas, iglesias, personas morales o entes extranjeros.

En los artículos 190 y 191 de la LEGIPE se establece la fiscalización oficial de los Partidos Políticos ya constituidos.

La fiscalización busca impedir que intereses externos o recursos de origen prohibido financien la creación de una nueva fuerza política.

Por ello, la organización debe conservar comprobantes, registrar sus operaciones y reportar sus movimientos financieros.

La fiscalización acompaña el proceso desde su desarrollo y no aparece únicamente al momento de solicitar el registro.

El papel del INE

El Instituto Nacional Electoral tiene un papel central durante todo el procedimiento. Supervisa las asambleas, verifica afiliaciones, revisa documentos y fiscaliza los recursos.

Sin embargo, González Sánchez no describió su experiencia con el INE como un enfrentamiento.

Por el contrario, calificó la relación como “profesional, técnica, extraordinaria” y señaló que recibieron asesoría y orientación durante el proceso.

Desde su perspectiva, las principales dificultades de El Muro estuvieron en la construcción de la organización y no en una falta de cooperación de la autoridad electoral.

Los documentos que definen al partido

Una organización no puede convertirse en partido únicamente con afiliados.

La LGPP exige en su artículo 15, inciso a), la elaboración y entrega de tres documentos fundamentales:

  • La Declaración de Principios, donde expone los valores y objetivos que orientarán su actuación.
  • El Programa de Acción, que establece las propuestas generales y líneas de trabajo.
  • Los Estatutos, que regulan la organización interna, la elección de dirigentes, los derechos y obligaciones de la militancia y los mecanismos para la toma de decisiones.

La Declaración de Principios establece los valores y objetivos de la organización.

El Programa de Acción plantea sus líneas generales de trabajo.

Los Estatutos determinan su funcionamiento interno, los derechos y obligaciones de la militancia, la elección de dirigentes y los mecanismos para tomar decisiones.

El INE revisa que estos documentos sean compatibles con la Constitución y la legislación electoral.

Pero detrás del requisito legal existe una pregunta política: ¿qué quiere representar esa organización?

En el caso de El Muro, esa pregunta se volvió complicada debido a la diversidad de agendas.

González Sánchez señaló que encontraron conceptos y propuestas “muy dispersos” y agendas demasiado concentradas en el gobierno.

El Muro: cuando cumplir la ley no era el único problema

El Muro nació con la intención de construir una alternativa política ante lo que sus integrantes consideraban una oposición fragmentada.

La organización recorrió el país para identificar liderazgos y conocer las necesidades de distintas regiones. Sin embargo, encontraron dificultades para unificar posiciones.

La decisión de poner en pausa el proyecto no obedeció únicamente a cuestiones económicas.

González Sánchez explicó que también estaba en juego la posibilidad de comprometer los recursos de los liderazgos que participaban y, al mismo tiempo, contribuir a una mayor fragmentación del voto opositor.

La organización comenzó entonces a considerar otras alternativas: apoyar a un partido existente, incorporar sus agendas a otra fuerza o continuar trabajando políticamente sin convertirse por ahora en un partido nacional.

Su experiencia muestra que tener derecho a crear un partido no significa que hacerlo sea necesariamente la mejor estrategia política.

El registro no garantiza el éxito electoral

Superar los requisitos del INE y obtener el registro tampoco garantiza que una nueva fuerza política vaya a sobrevivir.

El registro permite participar en elecciones, pero después llega la prueba de las urnas.

Los partidos deben obtener el porcentaje mínimo de votación establecido por la legislación para conservar su registro.

González Sánchez distingue entre ambas etapas: primero se demuestra administrativamente que existe una organización con respaldo ciudadano; después, mediante el voto, se demuestra si esa fuerza tiene representación electoral suficiente.

Por eso, una organización debe preguntarse desde el inicio no solamente si puede conseguir el registro, sino si tiene posibilidades reales de obtener los votos necesarios para conservarlo.

González Sánchez explicó que alcanzar el 3 por ciento representa un desafío importante y que cada organización debe calcular con anticipación si cuenta con suficientes liderazgos, estructura e ideas para conseguirlo.

¿Qué pasa después de obtener el registro?

El registro no significa que el partido tenga asegurada su permanencia.

La organización debe competir en elecciones, presentar candidatos, mantener una estructura y conseguir votos.

Por ello, el proyecto debe pensarse desde el principio a largo plazo.

Una organización puede cumplir con afiliaciones, asambleas, documentos y fiscalización y aun así desaparecer después si no logra suficiente respaldo electoral.

Ese es uno de los principales riesgos para cualquier fuerza política nueva.

Del aviso al INE al registro

El proceso puede resumirse en varias etapas.

Primero, la organización comunica al INE su intención de constituirse como partido.

Después debe acreditar las afiliaciones y la distribución territorial establecida por la ley.

Debe realizar las asambleas correspondientes y cumplir con las condiciones establecidas para ellas.

Debe presentar la Declaración de Principios, el Programa de Acción y los Estatutos.

Debe registrar y comprobar sus ingresos y gastos y respetar las fuentes de financiamiento permitidas.

El INE revisa la documentación y determina si la organización cumple con los requisitos.

La legislación establece que el dictamen de registro se formule en junio del año previo a la elección y, si procede, el registro surta efectos a partir del 1 de julio de ese mismo año.

La decisión puede ser impugnada ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Así termina la etapa administrativa.

Pero comienza la electoral.

El verdadero reto: tener gente, ideas y votos

La experiencia de El Muro permite entender que la creación de un partido no puede reducirse a llenar formularios.

Una organización puede tener una propuesta política, pero sin estructura territorial no podrá cumplir los requisitos.

Puede tener recursos, pero sin ciudadanos dispuestos a afiliarse no demostrará representatividad.

Puede reunir afiliados, pero si no tiene una agenda común, tendrá dificultades para convertirse en una fuerza política coherente.

Y aun con el registro en la mano, tendrá que convencer a los electores.

Por eso González Sánchez insiste en que antes de iniciar un proceso de esta magnitud hay que evaluar los liderazgos disponibles, las agendas locales, los recursos y las posibilidades electorales.

“No cualquiera puede hacer un partido, pero no estamos impedidos a construir nuevas fuerzas”, afirmó.

¿Derecho ciudadano o privilegio?

Crear un partido político en México sí es un derecho ciudadano reconocido constitucionalmente, pero ejercerlo implica cumplir requisitos diseñados para demostrar que existe una representación real.

El proceso exige afiliados, presencia territorial, asambleas, documentos básicos, recursos comprobables y una estructura capaz de sostener la organización.

Después, el electorado decide si esa nueva fuerza merece permanecer.

La experiencia de El Muro demuestra que el principal obstáculo no siempre está en la ley. También puede estar en la capacidad de unir liderazgos, construir una agenda nacional, financiar el proceso y convencer a los ciudadanos.

La puerta legal existe.

Pero atravesar requiere mucho más que voluntad.

Requiere personas, organización, ideas, recursos y votos.

Y quizá ese sea el verdadero filtro para crear un partido político en México: no solamente demostrar ante el INE que una organización puede cumplir los requisitos, sino demostrar ante los ciudadanos que existe una razón para que esa organización exista.

Man in glasses with comic blue burst background

David Hernandez

Crear un partido político en México: del derecho ciudadano a una carrera de organización, dinero y votos

¿Qué se necesita realmente para crear un partido político?

Cada seis años, millones de mexicanos reciben una boleta electoral con distintas opciones políticas. Detrás de cada nombre y emblema existe una organización que tuvo que construir una estructura, reunir militantes, demostrar el origen de sus recursos y convencer a ciudadanos de participar.

Pero antes de llegar a una elección existe una pregunta poco explicada: ¿qué necesita hacer un grupo de ciudadanos para convertirse en un partido político nacional?

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce el derecho de la ciudadanía a asociarse libremente para participar en los asuntos políticos del país. El artículo 9 establece el derecho de asociación pacífica con fines lícitos, mientras que el artículo 35 reconoce expresamente el derecho de asociarse individual y libremente para tomar parte en los asuntos políticos.

Ante esta pregunta, decidimos entrevistar a José Fernando González Sánchez, presidente de la asociación civil Movimiento Único de Renovación Opositora MURO A. C., mejor conocido como MURO, para que contara su experiencia y así poder observar el proceso desde el terreno. Su organización intentó construir una nueva fuerza política nacional, pero decidió poner el proyecto en pausa después de recorrer distintas regiones y analizar sus posibilidades.

Su experiencia muestra que una cosa es que la ley permita crear nuevos partidos y otra contar con los liderazgos, estructura, recursos y respaldo ciudadano necesarios.

“Lo más difícil para hacer un partido es contar con la gente y con las ideas”, explicó González Sánchez.

El primer paso: avisar al INE

La Ley General de Partidos Políticos establece el procedimiento para que una organización ciudadana pueda constituirse como partido político nacional.

El primer paso consiste en manifestar formalmente ante el Instituto Nacional Electoral la intención de iniciar el proceso. El artículo 11 establece que la organización debe comunicarlo al INE durante el mes de enero del año siguiente al de la elección presidencial.

A partir de ahí comienza un procedimiento en el que deben acreditarse afiliaciones, realizarse asambleas, presentar documentos básicos y comprobar el origen y destino de los recursos utilizados.

No basta con anunciar la intención de formar un partido: la organización debe demostrar que existe una base ciudadana real y que tiene capacidad para funcionar como una estructura política nacional.

Afiliaciones: demostrar que existe respaldo ciudadano

Uno de los principales requisitos es acreditar un número mínimo de afiliados.

La Ley General de Partidos Políticos en el Artículo 10, numeral 2, incisos b), establece que la organización debe contar con al menos el 0.26 por ciento del padrón electoral federal utilizado en la elección federal ordinaria inmediata anterior.

Además, debe contar con militantes en cuando menos 20 entidades federativas, con un mínimo de 3 mil por entidad, o en 200 distritos electorales uninominales, con un mínimo de 300 por distrito.

Las afiliaciones no se aceptan automáticamente. El INE verifica la identidad de las personas, comprueba que su incorporación haya sido voluntaria y revisa que no exista una doble afiliación con otra organización política.

Los registros que presenten inconsistencias, duplicidades o que no puedan ser validados pueden ser anulados.

Esto último de acuerdo a lo establecido en la Ley General de Partidos Políticos en su artículo 12, numeral 1, incisos a) y b).

Por eso, reunir ciudadanos es apenas una parte del reto. También hay que distribuirlos territorialmente y mantener un control preciso de sus registros.

Un partido nacional necesita presencia nacional

La experiencia de El Muro mostró que la dimensión territorial puede ser uno de los mayores obstáculos.

González Sánchez recorrió distintas regiones para identificar liderazgos y agendas locales. Encontró que las prioridades políticas no eran iguales en todo el país.

“Cada entidad federativa, incluso hacia el interior de cada entidad federativa, hay distintas versiones y perspectivas de la lucha política”, explicó.

Para él, el problema era todavía mayor porque la oposición estaba fragmentada.

“Construir una narrativa desde la oposición siempre es más complejo”, señaló, particularmente cuando existen distintas agendas y grupos que no quieren renunciar a sus posiciones anteriores.

La legislación establece números y territorios; la organización política tiene que convertir esos requisitos en una red de personas y liderazgos capaces de trabajar juntos.

Las asambleas: organización, ciudadanos y gastos

Las asambleas son otra parte fundamental del procedimiento.

En ellas se acredita la participación ciudadana y la organización territorial. El INE supervisa su desarrollo, verifica la asistencia y levanta las actas correspondientes.

En la práctica, organizar una asamblea implica mucho más que convocar personas. Se necesita un espacio, logística, transporte y equipos que puedan coordinar la actividad.

González Sánchez calculó que una asamblea puede representar un gasto aproximado de 30 mil a 40 mil pesos, dependiendo de las condiciones, debido a conceptos como renta del lugar, agua, traslados y atención de los participantes.

El costo se vuelve significativo cuando la organización necesita repetir la operación en numerosos territorios.

Además, una asamblea que no cumpla con las condiciones establecidas puede ser invalidada. Por eso, el trabajo no termina con reunir a los asistentes: hay que demostrar que la reunión se realizó conforme a las reglas.

¿Cuánto cuesta intentar crear un partido?

No existe una cantidad oficial única para determinar cuánto cuesta crear un partido político.

El gasto depende de la estrategia, la estructura territorial y la capacidad de cada organización. Entre los principales gastos pueden estar los recorridos, reuniones, personal, asesoría jurídica, sistemas informáticos, materiales, renta de espacios y administración.

Una estimación citada en una investigación periodística de Forbes México ubicó el costo aproximado entre 15 y más de 40 millones de pesos.

La experiencia de El Muro permite observar el problema desde otra perspectiva. González Sánchez explicó que buena parte de los gastos se generan desde las estructuras locales y deben comprobarse ante la autoridad.

“Las contabilidades para demostrarle a la autoridad cómo se hace la inversión, generalmente vienen de abajo hacia arriba”, explicó.

Por ello, crear un partido requiere tanto capacidad política como administrativa.

La fiscalización: demostrar de dónde salió cada peso

Las organizaciones deben registrar sus ingresos y gastos y presentar la información correspondiente al INE.

El artículo 11, numeral 2 de la LGPP obliga a la asociación de ciudadanos a informar mensualmente al INE el proceder de todos sus recursos de financiamiento.

Mientras que los artículos 53, 54 y 55 de la LGPP, prohíben expresamente recibir aportaciones de poderes públicos, empresas, iglesias, personas morales o entes extranjeros.

En los artículos 190 y 191 de la LEGIPE se establece la fiscalización oficial de los Partidos Políticos ya constituidos.

La fiscalización busca impedir que intereses externos o recursos de origen prohibido financien la creación de una nueva fuerza política.

Por ello, la organización debe conservar comprobantes, registrar sus operaciones y reportar sus movimientos financieros.

La fiscalización acompaña el proceso desde su desarrollo y no aparece únicamente al momento de solicitar el registro.

El papel del INE

El Instituto Nacional Electoral tiene un papel central durante todo el procedimiento. Supervisa las asambleas, verifica afiliaciones, revisa documentos y fiscaliza los recursos.

Sin embargo, González Sánchez no describió su experiencia con el INE como un enfrentamiento.

Por el contrario, calificó la relación como “profesional, técnica, extraordinaria” y señaló que recibieron asesoría y orientación durante el proceso.

Desde su perspectiva, las principales dificultades de El Muro estuvieron en la construcción de la organización y no en una falta de cooperación de la autoridad electoral.

Los documentos que definen al partido

Una organización no puede convertirse en partido únicamente con afiliados.

La LGPP exige en su artículo 15, inciso a), la elaboración y entrega de tres documentos fundamentales:

  • La Declaración de Principios, donde expone los valores y objetivos que orientarán su actuación.
  • El Programa de Acción, que establece las propuestas generales y líneas de trabajo.
  • Los Estatutos, que regulan la organización interna, la elección de dirigentes, los derechos y obligaciones de la militancia y los mecanismos para la toma de decisiones.

La Declaración de Principios establece los valores y objetivos de la organización.

El Programa de Acción plantea sus líneas generales de trabajo.

Los Estatutos determinan su funcionamiento interno, los derechos y obligaciones de la militancia, la elección de dirigentes y los mecanismos para tomar decisiones.

El INE revisa que estos documentos sean compatibles con la Constitución y la legislación electoral.

Pero detrás del requisito legal existe una pregunta política: ¿qué quiere representar esa organización?

En el caso de El Muro, esa pregunta se volvió complicada debido a la diversidad de agendas.

González Sánchez señaló que encontraron conceptos y propuestas “muy dispersos” y agendas demasiado concentradas en el gobierno.

El Muro: cuando cumplir la ley no era el único problema

El Muro nació con la intención de construir una alternativa política ante lo que sus integrantes consideraban una oposición fragmentada.

La organización recorrió el país para identificar liderazgos y conocer las necesidades de distintas regiones. Sin embargo, encontraron dificultades para unificar posiciones.

La decisión de poner en pausa el proyecto no obedeció únicamente a cuestiones económicas.

González Sánchez explicó que también estaba en juego la posibilidad de comprometer los recursos de los liderazgos que participaban y, al mismo tiempo, contribuir a una mayor fragmentación del voto opositor.

La organización comenzó entonces a considerar otras alternativas: apoyar a un partido existente, incorporar sus agendas a otra fuerza o continuar trabajando políticamente sin convertirse por ahora en un partido nacional.

Su experiencia muestra que tener derecho a crear un partido no significa que hacerlo sea necesariamente la mejor estrategia política.

El registro no garantiza el éxito electoral

Superar los requisitos del INE y obtener el registro tampoco garantiza que una nueva fuerza política vaya a sobrevivir.

El registro permite participar en elecciones, pero después llega la prueba de las urnas.

Los partidos deben obtener el porcentaje mínimo de votación establecido por la legislación para conservar su registro.

González Sánchez distingue entre ambas etapas: primero se demuestra administrativamente que existe una organización con respaldo ciudadano; después, mediante el voto, se demuestra si esa fuerza tiene representación electoral suficiente.

Por eso, una organización debe preguntarse desde el inicio no solamente si puede conseguir el registro, sino si tiene posibilidades reales de obtener los votos necesarios para conservarlo.

González Sánchez explicó que alcanzar el 3 por ciento representa un desafío importante y que cada organización debe calcular con anticipación si cuenta con suficientes liderazgos, estructura e ideas para conseguirlo.

¿Qué pasa después de obtener el registro?

El registro no significa que el partido tenga asegurada su permanencia.

La organización debe competir en elecciones, presentar candidatos, mantener una estructura y conseguir votos.

Por ello, el proyecto debe pensarse desde el principio a largo plazo.

Una organización puede cumplir con afiliaciones, asambleas, documentos y fiscalización y aun así desaparecer después si no logra suficiente respaldo electoral.

Ese es uno de los principales riesgos para cualquier fuerza política nueva.

Del aviso al INE al registro

El proceso puede resumirse en varias etapas.

Primero, la organización comunica al INE su intención de constituirse como partido.

Después debe acreditar las afiliaciones y la distribución territorial establecida por la ley.

Debe realizar las asambleas correspondientes y cumplir con las condiciones establecidas para ellas.

Debe presentar la Declaración de Principios, el Programa de Acción y los Estatutos.

Debe registrar y comprobar sus ingresos y gastos y respetar las fuentes de financiamiento permitidas.

El INE revisa la documentación y determina si la organización cumple con los requisitos.

La legislación establece que el dictamen de registro se formule en junio del año previo a la elección y, si procede, el registro surta efectos a partir del 1 de julio de ese mismo año.

La decisión puede ser impugnada ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.

Así termina la etapa administrativa.

Pero comienza la electoral.

El verdadero reto: tener gente, ideas y votos

La experiencia de El Muro permite entender que la creación de un partido no puede reducirse a llenar formularios.

Una organización puede tener una propuesta política, pero sin estructura territorial no podrá cumplir los requisitos.

Puede tener recursos, pero sin ciudadanos dispuestos a afiliarse no demostrará representatividad.

Puede reunir afiliados, pero si no tiene una agenda común, tendrá dificultades para convertirse en una fuerza política coherente.

Y aun con el registro en la mano, tendrá que convencer a los electores.

Por eso González Sánchez insiste en que antes de iniciar un proceso de esta magnitud hay que evaluar los liderazgos disponibles, las agendas locales, los recursos y las posibilidades electorales.

“No cualquiera puede hacer un partido, pero no estamos impedidos a construir nuevas fuerzas”, afirmó.

¿Derecho ciudadano o privilegio?

Crear un partido político en México sí es un derecho ciudadano reconocido constitucionalmente, pero ejercerlo implica cumplir requisitos diseñados para demostrar que existe una representación real.

El proceso exige afiliados, presencia territorial, asambleas, documentos básicos, recursos comprobables y una estructura capaz de sostener la organización.

Después, el electorado decide si esa nueva fuerza merece permanecer.

La experiencia de El Muro demuestra que el principal obstáculo no siempre está en la ley. También puede estar en la capacidad de unir liderazgos, construir una agenda nacional, financiar el proceso y convencer a los ciudadanos.

La puerta legal existe.

Pero atravesar requiere mucho más que voluntad.

Requiere personas, organización, ideas, recursos y votos.

Y quizá ese sea el verdadero filtro para crear un partido político en México: no solamente demostrar ante el INE que una organización puede cumplir los requisitos, sino demostrar ante los ciudadanos que existe una razón para que esa organización exista.

David Hernandez

(No Ratings Yet)