Desaparece flujo migrante en Suchiate tras endurecimiento de políticas de Trump
SUCHIATE, CHIAPAS.- El paisaje en la ribera del río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala, luce semidesierto. Donde antes transitaban a diario cientos de migrantes rumbo al norte, hoy reina el silencio y la inactividad, reflejo del impacto que han tenido las políticas migratorias impulsadas por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.
A seis meses del arranque de su gobierno, las consecuencias ya se hacen visibles en esta zona fronteriza. Locales comerciales que sobrevivían del tránsito migrante han tenido que cerrar. “Ya no se ven migrantes; de vez en cuando pasa uno que otro”, lamentó Ofelia Pérez, comerciante que aún mantiene su puesto de refrescos pese a la escasez de clientes.
También las balsas artesanales, que durante años cruzaron personas y productos entre ambos países, se encuentran hoy en su mayoría detenidas. De acuerdo con Pedro López, originario de Guatemala y con dos décadas de experiencia como balsero, “bajó todo el negocio. Ya sólo pasan los que quieren adquirir mercadería o los que vienen a trabajar aquí mismo en la frontera”.
Con tono resignado, el hombre añade: “Ese Trump vino a joderlo todo”, mientras descansa bajo un árbol a la espera de algún pasajero.
La vigilancia también ha cambiado. Elementos del Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional patrullan la zona esporádicamente y mantienen un punto de inspección en la ribera. La disminución en el flujo ha sido tan drástica que en mayo cerró el comedor de la parroquia Santiago Apóstol, que solía alimentar hasta 500 personas por día.
Según Heyman Vázquez Medina, representante de la Pastoral de Movilidad Humana, “ahora pasan muy pocos, a veces como cuatro; a veces unos ocho al mes”, y han empezado incluso a recibir a migrantes que deciden regresar a sus países tras haber fracasado en su intento de llegar a Estados Unidos. Muchos, explicó, se desisten al observar la severa vigilancia en la frontera norte.
El religioso detalló que quienes todavía intentan llegar lo hacen con la ayuda de traficantes, empleando rutas más costosas y peligrosas, como el traslado por vía marítima. De acuerdo con relatos de migrantes y presuntos “coyotes”, el costo para cruzar a Estados Unidos ha subido de 10 mil a 15 mil dólares.
Pese al panorama actual, Vázquez Medina prevé que los flujos migratorios podrían repuntar una vez finalice la administración de Trump. “Se va reactivar la migración, Trump no creo que gane otra elección, ya que él salga va volver todo a la normalidad en esta área”, sostuvo.
La crisis migratoria en Suchiate refleja no solo los efectos de una política exterior más estricta, sino también las consecuencias económicas y sociales para las comunidades fronterizas que históricamente han coexistido con la movilidad humana.
Desaparece flujo migrante en Suchiate tras endurecimiento de políticas de Trump
SUCHIATE, CHIAPAS.- El paisaje en la ribera del río Suchiate, frontera natural entre México y Guatemala, luce semidesierto. Donde antes transitaban a diario cientos de migrantes rumbo al norte, hoy reina el silencio y la inactividad, reflejo del impacto que han tenido las políticas migratorias impulsadas por el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump.
A seis meses del arranque de su gobierno, las consecuencias ya se hacen visibles en esta zona fronteriza. Locales comerciales que sobrevivían del tránsito migrante han tenido que cerrar. “Ya no se ven migrantes; de vez en cuando pasa uno que otro”, lamentó Ofelia Pérez, comerciante que aún mantiene su puesto de refrescos pese a la escasez de clientes.
También las balsas artesanales, que durante años cruzaron personas y productos entre ambos países, se encuentran hoy en su mayoría detenidas. De acuerdo con Pedro López, originario de Guatemala y con dos décadas de experiencia como balsero, “bajó todo el negocio. Ya sólo pasan los que quieren adquirir mercadería o los que vienen a trabajar aquí mismo en la frontera”.
Con tono resignado, el hombre añade: “Ese Trump vino a joderlo todo”, mientras descansa bajo un árbol a la espera de algún pasajero.
La vigilancia también ha cambiado. Elementos del Instituto Nacional de Migración y la Guardia Nacional patrullan la zona esporádicamente y mantienen un punto de inspección en la ribera. La disminución en el flujo ha sido tan drástica que en mayo cerró el comedor de la parroquia Santiago Apóstol, que solía alimentar hasta 500 personas por día.
Según Heyman Vázquez Medina, representante de la Pastoral de Movilidad Humana, “ahora pasan muy pocos, a veces como cuatro; a veces unos ocho al mes”, y han empezado incluso a recibir a migrantes que deciden regresar a sus países tras haber fracasado en su intento de llegar a Estados Unidos. Muchos, explicó, se desisten al observar la severa vigilancia en la frontera norte.
El religioso detalló que quienes todavía intentan llegar lo hacen con la ayuda de traficantes, empleando rutas más costosas y peligrosas, como el traslado por vía marítima. De acuerdo con relatos de migrantes y presuntos “coyotes”, el costo para cruzar a Estados Unidos ha subido de 10 mil a 15 mil dólares.
Pese al panorama actual, Vázquez Medina prevé que los flujos migratorios podrían repuntar una vez finalice la administración de Trump. “Se va reactivar la migración, Trump no creo que gane otra elección, ya que él salga va volver todo a la normalidad en esta área”, sostuvo.
La crisis migratoria en Suchiate refleja no solo los efectos de una política exterior más estricta, sino también las consecuencias económicas y sociales para las comunidades fronterizas que históricamente han coexistido con la movilidad humana.