El voto joven en Chiapas: una fuerza que todavía no despierta
En Chiapas, los jóvenes representan una parte importante de la ciudadanía con derecho a votar, pero su participación electoral continúa siendo uno de los principales retos para las instituciones democráticas.
El problema no puede reducirse a decir que existe desinterés por la política. Detrás de la decisión de acudir o no a las urnas intervienen factores como la confianza en las instituciones, las condiciones económicas, la educación, la migración, el acceso a internet y las diferencias entre vivir en una ciudad o en una comunidad rural.
Ante la poca participación de los jóvenes en Chiapas, se genera un cuestionamiento interesante: ¿por qué, a pesar de su peso dentro del electorado, los jóvenes de Chiapas todavía no participan plenamente en la vida electoral y política del estado?
Para la elección de 2024, la Lista Nominal de Chiapas fue de alrededor de cuatro millones de personas. El Instituto Nacional Electoral (INE) reportó una Lista Nominal de 4 millones 3 mil 327 electores para la elección federal de ese año. Esto significa que cualquier cambio importante en la participación de los grupos jóvenes puede tener efectos sobre el comportamiento general del electorado.
Sin embargo, pertenecer a la Lista Nominal no significa necesariamente acudir a votar. El propio INE ha documentado que los grupos más jóvenes suelen presentar menores niveles de participación.
Durante una sesión de su Consejo General, la consejera Dania Ravel explicó que las personas de entre 20 y 29 años se encuentran generalmente entre quienes menos participan en las elecciones. También señaló que el comportamiento de quienes votan por primera vez puede ser diferente, debido al interés que genera participar por primera ocasión.
Los datos históricos de Chiapas muestran que el problema no es nuevo.
En la elección federal de 2018, de acuerdo a información del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana de Chiapas (IEPC), la participación general del estado fue de 69.3 por ciento.
Pero al revisar las edades aparecen diferencias importantes: entre los hombres de 20 a 24 años participó 52.6 por ciento y entre los de 25 a 29 años lo hizo 54.1 por ciento. En las mujeres, los porcentajes fueron mayores: 65.1 por ciento para las de 20 a 24 años y 67.4 por ciento para las de 25 a 29.
La diferencia por sexo también es importante. Los datos del INE muestran de manera constante que las mujeres participan más que los hombres. En el estudio nacional de participación de 2024, la participación femenina fue de 64.3 por ciento, frente a 54.8 por ciento de los hombres. El propio INE ha señalado que la brecha entre ambos sexos es especialmente amplia en entidades como Chiapas.
En las elecciones locales de Chiapas de 2024, el IEPC informó que la participación ciudadana general fue de 62.7 por ciento. La cifra corresponde al conjunto de la ciudadanía y no permite afirmar, por sí sola, cuál fue el porcentaje específico de jóvenes que acudió a las urnas. Por eso es importante no confundir la participación estatal con la participación juvenil.
La caída de la participación tampoco puede explicarse únicamente por una supuesta falta de interés.
Existen varios temas que debemos analizar: desconfianza hacia los partidos y las instituciones, percepción de que votar no produce cambios, falta de información, problemas económicos y laborales, migración, distancia de las casillas y poca identificación con candidatos y partidos.
Las condiciones del lugar donde viven los jóvenes también pueden influir.
Chiapas tiene una realidad territorial muy diversa. No es lo mismo participar desde una ciudad como Tuxtla Gutiérrez que hacerlo desde una comunidad rural o indígena. El acceso a internet, la distancia geográfica, las oportunidades educativas y laborales y la migración pueden modificar la manera en que una persona se informa y se relaciona con las elecciones.
El acceso a internet ha cambiado además la forma en que los jóvenes reciben información política. Las campañas ya no dependen exclusivamente de los mítines, la televisión, la radio o los anuncios impresos. Las redes sociales se han convertido en un espacio donde los candidatos buscan acercarse a las nuevas generaciones.
Pero también representan un reto: la cantidad de información disponible no garantiza que toda sea correcta. La desinformación puede influir en la percepción que los jóvenes tienen de las elecciones y de los propios candidatos.
Por esa razón, hablar de jóvenes alejados de la política puede ser una conclusión demasiado simple. Una persona puede no votar y, al mismo tiempo, participar en actividades comunitarias, organizaciones juveniles, movimientos sociales, voluntariados, debates universitarios o campañas digitales.
Existe una relación entre la participación electoral y la participación ciudadana en otros espacios. El INE ha señalado que una parte importante de las personas que participan en actividades no electorales también tiende a acudir a votar.
En un diagnóstico presentado por el INE y publicado el 27 de febrero de 2024, se identificó que 77 por ciento de quienes participan en actividades no electorales tienden a participar también el día de la jornada electoral. El mismo diagnóstico encontró problemas relacionados con el desconocimiento de los procesos electorales y de los espacios de participación ciudadana.
Las instituciones electorales han buscado responder a este problema mediante programas de educación cívica, campañas de participación, actividades dirigidas a jóvenes y ejercicios de participación infantil y juvenil.
En Chiapas, el IEPC cuenta entre sus funciones con programas de educación cívica y participación ciudadana.
Un ejemplo reciente fue la Consulta Infantil y Juvenil 2024. En Chiapas participaron más de 364 mil 645 niñas, niños y adolescentes de entre 3 y 17 años. El ejercicio también permitió identificar la participación de personas indígenas, personas con discapacidad y población afrodescendiente. Aunque estos participantes todavía no forman parte del electorado adulto, el resultado muestra que existe capacidad de involucramiento cuando se generan espacios adecuados para expresar opiniones.
Otro aspecto que ha cambiado es la presencia de jóvenes dentro de las propias candidaturas. De acuerdo con información presentada por el INE, durante el proceso electoral 2023-2024 las candidaturas de personas de entre 18 y 29 años representaron 31 por ciento, frente al 18 por ciento registrado en el proceso electoral 2020-2021.
Esto muestra un aumento en la presencia de jóvenes dentro de las opciones electorales, aunque tener más candidaturas jóvenes no significa automáticamente que exista una mayor participación de este sector.
El reto, entonces, no consiste únicamente en lograr que los jóvenes acudan a votar. También está en conseguir que se sientan representados, que conozcan sus derechos y que encuentren espacios reales para participar en las decisiones públicas.
Para Chiapas, la situación tiene especial importancia porque una parte considerable de su electorado pertenece a generaciones jóvenes. Si estos ciudadanos no encuentran motivos para participar, la democracia pierde una parte importante de las voces que deberían formar parte de las decisiones públicas. Pero tampoco sería correcto afirmar que todos los jóvenes piensan igual o que existe una sola razón para explicar su abstencionismo.
Los datos muestran algo más complejo: los jóvenes participan menos que otros grupos de edad en distintos procesos electorales, pero eso no significa necesariamente que estén completamente alejados de la vida pública. Las diferencias económicas, territoriales, educativas y sociales producen experiencias distintas.
En las elecciones locales de 2024, más de seis de cada diez ciudadanos participaron en Chiapas. El desafío para los próximos procesos será conocer qué ocurre específicamente con los grupos jóvenes y qué medidas pueden ayudar a reducir las barreras que dificultan su participación.
El IEPC ha reconocido que, aunque los procesos electorales de 2024 concluyeron, todavía existen retos para incentivar una mayor participación ciudadana.
El voto joven, por lo tanto, no debe verse solamente como una cifra electoral. Es también un indicador de la relación que las nuevas generaciones tienen con las instituciones, los partidos políticos y los problemas de su comunidad. Entender por qué algunos jóvenes votan, otros no y otros prefieren participar de maneras diferentes es necesario para conocer el presente y el futuro político de Chiapas.
La pregunta no es solamente cuántos jóvenes van a votar. La cuestión de fondo es si las instituciones, los partidos y los propios espacios de participación están logrando escuchar a una generación que ya tiene derecho a decidir y que tendrá un papel cada vez más importante en la vida pública del estado.
El voto joven en Chiapas: una fuerza que todavía no despierta
En Chiapas, los jóvenes representan una parte importante de la ciudadanía con derecho a votar, pero su participación electoral continúa siendo uno de los principales retos para las instituciones democráticas.
El problema no puede reducirse a decir que existe desinterés por la política. Detrás de la decisión de acudir o no a las urnas intervienen factores como la confianza en las instituciones, las condiciones económicas, la educación, la migración, el acceso a internet y las diferencias entre vivir en una ciudad o en una comunidad rural.
Ante la poca participación de los jóvenes en Chiapas, se genera un cuestionamiento interesante: ¿por qué, a pesar de su peso dentro del electorado, los jóvenes de Chiapas todavía no participan plenamente en la vida electoral y política del estado?
Para la elección de 2024, la Lista Nominal de Chiapas fue de alrededor de cuatro millones de personas. El Instituto Nacional Electoral (INE) reportó una Lista Nominal de 4 millones 3 mil 327 electores para la elección federal de ese año. Esto significa que cualquier cambio importante en la participación de los grupos jóvenes puede tener efectos sobre el comportamiento general del electorado.
Sin embargo, pertenecer a la Lista Nominal no significa necesariamente acudir a votar. El propio INE ha documentado que los grupos más jóvenes suelen presentar menores niveles de participación.
Durante una sesión de su Consejo General, la consejera Dania Ravel explicó que las personas de entre 20 y 29 años se encuentran generalmente entre quienes menos participan en las elecciones. También señaló que el comportamiento de quienes votan por primera vez puede ser diferente, debido al interés que genera participar por primera ocasión.
Los datos históricos de Chiapas muestran que el problema no es nuevo.
En la elección federal de 2018, de acuerdo a información del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana de Chiapas (IEPC), la participación general del estado fue de 69.3 por ciento.
Pero al revisar las edades aparecen diferencias importantes: entre los hombres de 20 a 24 años participó 52.6 por ciento y entre los de 25 a 29 años lo hizo 54.1 por ciento. En las mujeres, los porcentajes fueron mayores: 65.1 por ciento para las de 20 a 24 años y 67.4 por ciento para las de 25 a 29.
La diferencia por sexo también es importante. Los datos del INE muestran de manera constante que las mujeres participan más que los hombres. En el estudio nacional de participación de 2024, la participación femenina fue de 64.3 por ciento, frente a 54.8 por ciento de los hombres. El propio INE ha señalado que la brecha entre ambos sexos es especialmente amplia en entidades como Chiapas.
En las elecciones locales de Chiapas de 2024, el IEPC informó que la participación ciudadana general fue de 62.7 por ciento. La cifra corresponde al conjunto de la ciudadanía y no permite afirmar, por sí sola, cuál fue el porcentaje específico de jóvenes que acudió a las urnas. Por eso es importante no confundir la participación estatal con la participación juvenil.
La caída de la participación tampoco puede explicarse únicamente por una supuesta falta de interés.
Existen varios temas que debemos analizar: desconfianza hacia los partidos y las instituciones, percepción de que votar no produce cambios, falta de información, problemas económicos y laborales, migración, distancia de las casillas y poca identificación con candidatos y partidos.
Las condiciones del lugar donde viven los jóvenes también pueden influir.
Chiapas tiene una realidad territorial muy diversa. No es lo mismo participar desde una ciudad como Tuxtla Gutiérrez que hacerlo desde una comunidad rural o indígena. El acceso a internet, la distancia geográfica, las oportunidades educativas y laborales y la migración pueden modificar la manera en que una persona se informa y se relaciona con las elecciones.
El acceso a internet ha cambiado además la forma en que los jóvenes reciben información política. Las campañas ya no dependen exclusivamente de los mítines, la televisión, la radio o los anuncios impresos. Las redes sociales se han convertido en un espacio donde los candidatos buscan acercarse a las nuevas generaciones.
Pero también representan un reto: la cantidad de información disponible no garantiza que toda sea correcta. La desinformación puede influir en la percepción que los jóvenes tienen de las elecciones y de los propios candidatos.
Por esa razón, hablar de jóvenes alejados de la política puede ser una conclusión demasiado simple. Una persona puede no votar y, al mismo tiempo, participar en actividades comunitarias, organizaciones juveniles, movimientos sociales, voluntariados, debates universitarios o campañas digitales.
Existe una relación entre la participación electoral y la participación ciudadana en otros espacios. El INE ha señalado que una parte importante de las personas que participan en actividades no electorales también tiende a acudir a votar.
En un diagnóstico presentado por el INE y publicado el 27 de febrero de 2024, se identificó que 77 por ciento de quienes participan en actividades no electorales tienden a participar también el día de la jornada electoral. El mismo diagnóstico encontró problemas relacionados con el desconocimiento de los procesos electorales y de los espacios de participación ciudadana.
Las instituciones electorales han buscado responder a este problema mediante programas de educación cívica, campañas de participación, actividades dirigidas a jóvenes y ejercicios de participación infantil y juvenil.
En Chiapas, el IEPC cuenta entre sus funciones con programas de educación cívica y participación ciudadana.
Un ejemplo reciente fue la Consulta Infantil y Juvenil 2024. En Chiapas participaron más de 364 mil 645 niñas, niños y adolescentes de entre 3 y 17 años. El ejercicio también permitió identificar la participación de personas indígenas, personas con discapacidad y población afrodescendiente. Aunque estos participantes todavía no forman parte del electorado adulto, el resultado muestra que existe capacidad de involucramiento cuando se generan espacios adecuados para expresar opiniones.
Otro aspecto que ha cambiado es la presencia de jóvenes dentro de las propias candidaturas. De acuerdo con información presentada por el INE, durante el proceso electoral 2023-2024 las candidaturas de personas de entre 18 y 29 años representaron 31 por ciento, frente al 18 por ciento registrado en el proceso electoral 2020-2021.
Esto muestra un aumento en la presencia de jóvenes dentro de las opciones electorales, aunque tener más candidaturas jóvenes no significa automáticamente que exista una mayor participación de este sector.
El reto, entonces, no consiste únicamente en lograr que los jóvenes acudan a votar. También está en conseguir que se sientan representados, que conozcan sus derechos y que encuentren espacios reales para participar en las decisiones públicas.
Para Chiapas, la situación tiene especial importancia porque una parte considerable de su electorado pertenece a generaciones jóvenes. Si estos ciudadanos no encuentran motivos para participar, la democracia pierde una parte importante de las voces que deberían formar parte de las decisiones públicas. Pero tampoco sería correcto afirmar que todos los jóvenes piensan igual o que existe una sola razón para explicar su abstencionismo.
Los datos muestran algo más complejo: los jóvenes participan menos que otros grupos de edad en distintos procesos electorales, pero eso no significa necesariamente que estén completamente alejados de la vida pública. Las diferencias económicas, territoriales, educativas y sociales producen experiencias distintas.
En las elecciones locales de 2024, más de seis de cada diez ciudadanos participaron en Chiapas. El desafío para los próximos procesos será conocer qué ocurre específicamente con los grupos jóvenes y qué medidas pueden ayudar a reducir las barreras que dificultan su participación.
El IEPC ha reconocido que, aunque los procesos electorales de 2024 concluyeron, todavía existen retos para incentivar una mayor participación ciudadana.
El voto joven, por lo tanto, no debe verse solamente como una cifra electoral. Es también un indicador de la relación que las nuevas generaciones tienen con las instituciones, los partidos políticos y los problemas de su comunidad. Entender por qué algunos jóvenes votan, otros no y otros prefieren participar de maneras diferentes es necesario para conocer el presente y el futuro político de Chiapas.
La pregunta no es solamente cuántos jóvenes van a votar. La cuestión de fondo es si las instituciones, los partidos y los propios espacios de participación están logrando escuchar a una generación que ya tiene derecho a decidir y que tendrá un papel cada vez más importante en la vida pública del estado.