Impulsa Bruselas apertura tecnológica y obliga a Google a compartir ventajas clave con competidores
Bruselas.- La Unión Europea endureció su estrategia para limitar el poder de las grandes plataformas digitales al aprobar nuevas disposiciones que obligarán a Google a facilitar el acceso de empresas rivales a determinadas funciones de inteligencia artificial y a parte de los datos generados por su motor de búsqueda. La medida busca fomentar una mayor competencia en el mercado tecnológico y reducir las barreras que enfrentan nuevos participantes del sector.
Las acciones fueron anunciadas por la Comisión Europea, que considera que la posición dominante de Google en servicios de búsqueda e inteligencia artificial dificulta el desarrollo de alternativas capaces de competir en igualdad de condiciones. Con estas nuevas reglas, las autoridades comunitarias pretenden ampliar las opciones disponibles para consumidores y desarrolladores dentro de los 27 países que integran el bloque.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para Asuntos Tecnológicos, Henna Virkkunen, afirmó que el objetivo es impulsar un ecosistema digital más diverso y competitivo. “Gracias a estas medidas, esperamos ver alternativas emergentes a la Búsqueda de Google y a los servicios de IA de Google, como Gemini, y que los usuarios en la UE puedan disfrutar de una mayor variedad de servicios”, declaró.
Entre los cambios más relevantes destaca la obligación de que Google permita que asistentes de inteligencia artificial desarrollados por terceros operen en dispositivos Android con capacidades similares a las que actualmente tiene Gemini. Esto incluye la posibilidad de activarse mediante comandos de voz y ejecutar tareas en segundo plano, como realizar reservas o gestionar funciones mediante aplicaciones externas.
La Comisión Europea argumentó que, tras analizar el funcionamiento del ecosistema Android, detectó que las herramientas de IA ajenas a Google enfrentaban limitaciones que impedían ofrecer una experiencia comparable a la de Gemini. Por ello, determinó que era necesario establecer nuevas condiciones para garantizar un acceso más equitativo a las funciones del sistema operativo.
Además, el organismo comunitario ordenó que, a partir de enero de 2027, Google comparta determinados conjuntos de datos de búsqueda previamente anonimizados con algunos competidores autorizados. Según Bruselas, el enorme volumen de información acumulado por la compañía representa una ventaja difícil de replicar para otras empresas, lo que contribuye a consolidar su liderazgo en el mercado.
La decisión forma parte de una política más amplia impulsada por la Unión Europea para supervisar a las denominadas plataformas “guardianas de acceso”, grandes empresas tecnológicas con capacidad de influir de manera significativa en la economía digital. En los últimos meses, el bloque también ha promovido medidas dirigidas a Apple para mejorar la interoperabilidad de sus dispositivos y ha exigido a Meta realizar ajustes en determinadas funciones de sus plataformas.
Google respondió con críticas a las nuevas obligaciones. Kent Walker, presidente de asuntos globales de Google y de su matriz Alphabet, advirtió que algunas de las exigencias podrían generar consecuencias negativas para la privacidad y la seguridad de los usuarios europeos.
“Las búsquedas privadas de los europeos quedarían expuestas a empresas desconocidas, sin una anonimización adecuada de los datos y sin conocimiento ni consentimiento del usuario. Esto debilitaría la privacidad de los ciudadanos, pondría en riesgo secretos comerciales empresariales y pondría en peligro la seguridad nacional”, indicó Walker en un comunicado.
Mientras Bruselas sostiene que las medidas fortalecerán la innovación y ampliarán las opciones para consumidores y desarrolladores, Google insiste en que la apertura obligatoria de ciertos servicios podría afectar mecanismos diseñados para proteger información sensible. El debate anticipa una nueva etapa en la relación entre los reguladores europeos y las grandes compañías tecnológicas, en momentos en que la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales campos de competencia global.
Impulsa Bruselas apertura tecnológica y obliga a Google a compartir ventajas clave con competidores
Bruselas.- La Unión Europea endureció su estrategia para limitar el poder de las grandes plataformas digitales al aprobar nuevas disposiciones que obligarán a Google a facilitar el acceso de empresas rivales a determinadas funciones de inteligencia artificial y a parte de los datos generados por su motor de búsqueda. La medida busca fomentar una mayor competencia en el mercado tecnológico y reducir las barreras que enfrentan nuevos participantes del sector.
Las acciones fueron anunciadas por la Comisión Europea, que considera que la posición dominante de Google en servicios de búsqueda e inteligencia artificial dificulta el desarrollo de alternativas capaces de competir en igualdad de condiciones. Con estas nuevas reglas, las autoridades comunitarias pretenden ampliar las opciones disponibles para consumidores y desarrolladores dentro de los 27 países que integran el bloque.
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para Asuntos Tecnológicos, Henna Virkkunen, afirmó que el objetivo es impulsar un ecosistema digital más diverso y competitivo. “Gracias a estas medidas, esperamos ver alternativas emergentes a la Búsqueda de Google y a los servicios de IA de Google, como Gemini, y que los usuarios en la UE puedan disfrutar de una mayor variedad de servicios”, declaró.
Entre los cambios más relevantes destaca la obligación de que Google permita que asistentes de inteligencia artificial desarrollados por terceros operen en dispositivos Android con capacidades similares a las que actualmente tiene Gemini. Esto incluye la posibilidad de activarse mediante comandos de voz y ejecutar tareas en segundo plano, como realizar reservas o gestionar funciones mediante aplicaciones externas.
La Comisión Europea argumentó que, tras analizar el funcionamiento del ecosistema Android, detectó que las herramientas de IA ajenas a Google enfrentaban limitaciones que impedían ofrecer una experiencia comparable a la de Gemini. Por ello, determinó que era necesario establecer nuevas condiciones para garantizar un acceso más equitativo a las funciones del sistema operativo.
Además, el organismo comunitario ordenó que, a partir de enero de 2027, Google comparta determinados conjuntos de datos de búsqueda previamente anonimizados con algunos competidores autorizados. Según Bruselas, el enorme volumen de información acumulado por la compañía representa una ventaja difícil de replicar para otras empresas, lo que contribuye a consolidar su liderazgo en el mercado.
La decisión forma parte de una política más amplia impulsada por la Unión Europea para supervisar a las denominadas plataformas “guardianas de acceso”, grandes empresas tecnológicas con capacidad de influir de manera significativa en la economía digital. En los últimos meses, el bloque también ha promovido medidas dirigidas a Apple para mejorar la interoperabilidad de sus dispositivos y ha exigido a Meta realizar ajustes en determinadas funciones de sus plataformas.
Google respondió con críticas a las nuevas obligaciones. Kent Walker, presidente de asuntos globales de Google y de su matriz Alphabet, advirtió que algunas de las exigencias podrían generar consecuencias negativas para la privacidad y la seguridad de los usuarios europeos.
“Las búsquedas privadas de los europeos quedarían expuestas a empresas desconocidas, sin una anonimización adecuada de los datos y sin conocimiento ni consentimiento del usuario. Esto debilitaría la privacidad de los ciudadanos, pondría en riesgo secretos comerciales empresariales y pondría en peligro la seguridad nacional”, indicó Walker en un comunicado.
Mientras Bruselas sostiene que las medidas fortalecerán la innovación y ampliarán las opciones para consumidores y desarrolladores, Google insiste en que la apertura obligatoria de ciertos servicios podría afectar mecanismos diseñados para proteger información sensible. El debate anticipa una nueva etapa en la relación entre los reguladores europeos y las grandes compañías tecnológicas, en momentos en que la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales campos de competencia global.