Registran vestigios de dos poblados indígenas que perduraron tras la llegada de los españoles en Guerrero
Ciudad de México.- Dos asentamientos arqueológicos localizados en la región Costa Grande de Guerrero fueron identificados y documentados por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como parte de los trabajos preventivos realizados ante la ampliación de la carretera en el tramo Lázaro Cárdenas-Zihuatanejo. Los hallazgos corresponden a antiguos poblados que habrían continuado habitados durante varias décadas después de la conquista española, hasta finales del siglo XVI.
El descubrimiento se produjo durante una inspección técnica enfocada en evaluar posibles afectaciones al patrimonio cultural derivadas del proyecto carretero en el municipio de La Unión de Isidoro Montes de Oca. Las labores permitieron detectar evidencias arqueológicas relevantes y establecer medidas para su protección antes del inicio de las obras.
De acuerdo con los especialistas, la zona tuvo una gran importancia estratégica en tiempos prehispánicos debido a su ubicación como territorio limítrofe entre distintos grupos étnicos. Además, estuvo bajo la influencia de potencias regionales como la Triple Alianza mexica y el Estado purépecha, situación que contribuyó a generar patrones de asentamiento distintos a los observados en otras áreas de la Costa Grande.
Uno de los sitios identificados se encuentra en las inmediaciones de la comunidad conocida actualmente como El Chico o Capire. En este lugar fueron registradas 39 estructuras distribuidas en aproximadamente ocho hectáreas. Testimonios de habitantes de la región señalan que el paraje era conocido antiguamente como Camutla, nombre que podría corresponder al asentamiento documentado por los arqueólogos.
Las características de los materiales y estructuras localizadas indican que el poblado estuvo ocupado desde el Posclásico Tardío, entre los años 1200 y 1521 de nuestra era, y continuó habitado durante las primeras décadas del periodo colonial.
El segundo hallazgo corresponde a Sacualpa, un antiguo poblado vinculado al grupo tolimeca. Entre sus principales elementos destaca una gran plataforma de alrededor de 160 metros de largo por 110 metros de ancho. Junto a ella se encuentra otra estructura alargada de aproximadamente 140 metros por 40 metros, formando un conjunto arquitectónico con disposición en forma de “L”.
Alrededor de estas construcciones se identificaron diversos montículos habitacionales y concentraciones de cerámica erosionada, evidencias que permitirán ampliar el conocimiento sobre la organización social y territorial de los pueblos que habitaron esta parte del actual estado de Guerrero.
Especialistas consideran que la localización de estos poblados ofrece una oportunidad para comprender mejor los procesos que enfrentaron las comunidades indígenas durante la transición entre el mundo prehispánico y el sistema colonial. Diversos factores, entre ellos la reorganización territorial impulsada por las autoridades novohispanas y las obligaciones tributarias impuestas a la población, habrían contribuido al abandono gradual de estos poblados.
Sobre la importancia de estos trabajos del INAH, la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que “este registro muestra que la protección del patrimonio debe formar parte de la planeación de las obras públicas desde su origen. La intervención del INAH permite prevenir afectaciones y, al mismo tiempo, recuperar información sobre comunidades que vivieron la transición entre el mundo prehispánico y el periodo colonial”.
Durante las inspecciones también fueron revisados otros puntos con evidencia arqueológica, entre ellos La Parotita, El Huérfano, La Palanca, Los Metates, La Salada, Las Peñas, Las Arañas, La Parotita II, Zorcua y Los Azufres. En varios de estos lugares se detectaron montículos construidos sobre elevaciones naturales del terreno.
Como medida preventiva, las autoridades determinaron establecer polígonos de protección en Zorcua, Los Azufres, Las Arañas y La Parotita II debido a su proximidad con el trazo proyectado para la nueva infraestructura carretera, con el objetivo de garantizar la conservación de los vestigios arqueológicos identificados.
Registran vestigios de dos poblados indígenas que perduraron tras la llegada de los españoles en Guerrero
Ciudad de México.- Dos asentamientos arqueológicos localizados en la región Costa Grande de Guerrero fueron identificados y documentados por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), como parte de los trabajos preventivos realizados ante la ampliación de la carretera en el tramo Lázaro Cárdenas-Zihuatanejo. Los hallazgos corresponden a antiguos poblados que habrían continuado habitados durante varias décadas después de la conquista española, hasta finales del siglo XVI.
El descubrimiento se produjo durante una inspección técnica enfocada en evaluar posibles afectaciones al patrimonio cultural derivadas del proyecto carretero en el municipio de La Unión de Isidoro Montes de Oca. Las labores permitieron detectar evidencias arqueológicas relevantes y establecer medidas para su protección antes del inicio de las obras.
De acuerdo con los especialistas, la zona tuvo una gran importancia estratégica en tiempos prehispánicos debido a su ubicación como territorio limítrofe entre distintos grupos étnicos. Además, estuvo bajo la influencia de potencias regionales como la Triple Alianza mexica y el Estado purépecha, situación que contribuyó a generar patrones de asentamiento distintos a los observados en otras áreas de la Costa Grande.
Uno de los sitios identificados se encuentra en las inmediaciones de la comunidad conocida actualmente como El Chico o Capire. En este lugar fueron registradas 39 estructuras distribuidas en aproximadamente ocho hectáreas. Testimonios de habitantes de la región señalan que el paraje era conocido antiguamente como Camutla, nombre que podría corresponder al asentamiento documentado por los arqueólogos.
Las características de los materiales y estructuras localizadas indican que el poblado estuvo ocupado desde el Posclásico Tardío, entre los años 1200 y 1521 de nuestra era, y continuó habitado durante las primeras décadas del periodo colonial.
El segundo hallazgo corresponde a Sacualpa, un antiguo poblado vinculado al grupo tolimeca. Entre sus principales elementos destaca una gran plataforma de alrededor de 160 metros de largo por 110 metros de ancho. Junto a ella se encuentra otra estructura alargada de aproximadamente 140 metros por 40 metros, formando un conjunto arquitectónico con disposición en forma de “L”.
Alrededor de estas construcciones se identificaron diversos montículos habitacionales y concentraciones de cerámica erosionada, evidencias que permitirán ampliar el conocimiento sobre la organización social y territorial de los pueblos que habitaron esta parte del actual estado de Guerrero.
Especialistas consideran que la localización de estos poblados ofrece una oportunidad para comprender mejor los procesos que enfrentaron las comunidades indígenas durante la transición entre el mundo prehispánico y el sistema colonial. Diversos factores, entre ellos la reorganización territorial impulsada por las autoridades novohispanas y las obligaciones tributarias impuestas a la población, habrían contribuido al abandono gradual de estos poblados.
Sobre la importancia de estos trabajos del INAH, la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, señaló que “este registro muestra que la protección del patrimonio debe formar parte de la planeación de las obras públicas desde su origen. La intervención del INAH permite prevenir afectaciones y, al mismo tiempo, recuperar información sobre comunidades que vivieron la transición entre el mundo prehispánico y el periodo colonial”.
Durante las inspecciones también fueron revisados otros puntos con evidencia arqueológica, entre ellos La Parotita, El Huérfano, La Palanca, Los Metates, La Salada, Las Peñas, Las Arañas, La Parotita II, Zorcua y Los Azufres. En varios de estos lugares se detectaron montículos construidos sobre elevaciones naturales del terreno.
Como medida preventiva, las autoridades determinaron establecer polígonos de protección en Zorcua, Los Azufres, Las Arañas y La Parotita II debido a su proximidad con el trazo proyectado para la nueva infraestructura carretera, con el objetivo de garantizar la conservación de los vestigios arqueológicos identificados.