Honduras vive una reñida contienda electoral entre Salvador Nasralla y Nasry Asfura
TEGUCIGALPA.- Honduras vivió este domingo una de las jornadas electorales más tensas de su historia reciente, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump interfiriera en el proceso con amenazas y apoyos explícitos menos de 48 horas antes de la votación.
Los primeros resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE) de este lunes revelan una contienda completamente cerrada: con más del 55% de las actas contabilizadas, Nasry “Tito” Asfura acumula 39.93% de los votos, mientras Salvador Nasralla registra 39.87%. La diferencia entre ambos es de apenas 1,000 sufragios. En tercer lugar se posiciona la candidata oficialista Rixi Moncada, con 19.16%.
La elección quedó atravesada por los mensajes de Trump en Truth Social, donde respaldó abiertamente a Asfura: “si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un gran apoyo… Si no gana, Estados Unidos no malgastará su dinero”, escribió Trump. También aseguró que él y Asfura podrían “trabajar juntos para combatir a los narcocomunistas”. Honduras recibió más de US$193 millones en asistencia estadounidense el año fiscal pasado, y más de US$102 millones en lo que va del actual.
La jornada se desarrolló bajo un estado de excepción vigente desde diciembre de 2022, impuesto por la presidenta Xiomara Castro para combatir la violencia de pandillas y el crimen organizado. Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por el uso ampliado del Ejército para tareas de seguridad pública.
A lo largo de la campaña, tanto oficialistas como oposición anticiparon denuncias de fraude, lo que elevó la tensión política antes de la apertura de casillas. El CNE extendió hasta una hora el cierre de urnas en zonas con alta afluencia y demoró el anuncio de resultados preliminares, generando inquietud sobre la transparencia del proceso.
Nasry “Tito” Asfura llega a estos comicios como figura central del Partido Nacional, donde proyecta una imagen de administrador eficiente tras su paso por la alcaldía de Tegucigalpa. Su campaña se enfocó en propuestas de orden y desarrollo, con la promesa de “generar oportunidades para todos”, facilitar la inversión y promover empleo a gran escala.
Sin embargo, enfrenta el desgaste político de una organización marcada por escándalos de corrupción y por la condena del expresidente Juan Orlando Hernández, tema del que buscó distanciarse públicamente al asegurar que “el partido no es responsable de sus acciones personales”.
Por su parte, Salvador Nasralla compite por cuarta ocasión con un discurso abiertamente anticorrupción y dirigido contra lo que denomina “la élite familiar” que controla el Estado, en referencia a la presidenta Xiomara Castro y al expresidente Manuel Zelaya.
Con una larga trayectoria como figura televisiva y un capital político construido en la oposición, centró su candidatura en la promesa de desmantelar redes de nepotismo y transparentar el uso de los recursos públicos. Durante la campaña afirmó que su llegada al poder significaría un quiebre total con los privilegios actuales: “En mi gobierno no habrá nepotismo. Ni Moncada, ni Castro, ni Zelaya”.
El próximo gobierno enfrentará una realidad social y política altamente desafiante, con más del 60% de los hogares hondureños viviendo en condiciones de pobreza, una presencia extendida del crimen organizado, episodios recurrentes de violencia política y una crisis institucional que se ha prolongado durante años.
Además de elegir presidente, la ciudadanía renovó el Congreso con 128 diputados, seleccionó a 20 representantes ante el Parlamento Centroamericano y definió a las autoridades de los 298 municipios del país, configurando un nuevo mapa político que tendrá incidencia directa en la gobernabilidad del próximo mandato.
Con información de CNN
Honduras vive una reñida contienda electoral entre Salvador Nasralla y Nasry Asfura
TEGUCIGALPA.- Honduras vivió este domingo una de las jornadas electorales más tensas de su historia reciente, luego de que el presidente estadounidense Donald Trump interfiriera en el proceso con amenazas y apoyos explícitos menos de 48 horas antes de la votación.
Los primeros resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE) de este lunes revelan una contienda completamente cerrada: con más del 55% de las actas contabilizadas, Nasry “Tito” Asfura acumula 39.93% de los votos, mientras Salvador Nasralla registra 39.87%. La diferencia entre ambos es de apenas 1,000 sufragios. En tercer lugar se posiciona la candidata oficialista Rixi Moncada, con 19.16%.
La elección quedó atravesada por los mensajes de Trump en Truth Social, donde respaldó abiertamente a Asfura: “si Tito Asfura gana la presidencia de Honduras, Estados Unidos le brindará un gran apoyo… Si no gana, Estados Unidos no malgastará su dinero”, escribió Trump. También aseguró que él y Asfura podrían “trabajar juntos para combatir a los narcocomunistas”. Honduras recibió más de US$193 millones en asistencia estadounidense el año fiscal pasado, y más de US$102 millones en lo que va del actual.
La jornada se desarrolló bajo un estado de excepción vigente desde diciembre de 2022, impuesto por la presidenta Xiomara Castro para combatir la violencia de pandillas y el crimen organizado. Organizaciones de derechos humanos han expresado preocupación por el uso ampliado del Ejército para tareas de seguridad pública.
A lo largo de la campaña, tanto oficialistas como oposición anticiparon denuncias de fraude, lo que elevó la tensión política antes de la apertura de casillas. El CNE extendió hasta una hora el cierre de urnas en zonas con alta afluencia y demoró el anuncio de resultados preliminares, generando inquietud sobre la transparencia del proceso.
Nasry “Tito” Asfura llega a estos comicios como figura central del Partido Nacional, donde proyecta una imagen de administrador eficiente tras su paso por la alcaldía de Tegucigalpa. Su campaña se enfocó en propuestas de orden y desarrollo, con la promesa de “generar oportunidades para todos”, facilitar la inversión y promover empleo a gran escala.
Sin embargo, enfrenta el desgaste político de una organización marcada por escándalos de corrupción y por la condena del expresidente Juan Orlando Hernández, tema del que buscó distanciarse públicamente al asegurar que “el partido no es responsable de sus acciones personales”.
Por su parte, Salvador Nasralla compite por cuarta ocasión con un discurso abiertamente anticorrupción y dirigido contra lo que denomina “la élite familiar” que controla el Estado, en referencia a la presidenta Xiomara Castro y al expresidente Manuel Zelaya.
Con una larga trayectoria como figura televisiva y un capital político construido en la oposición, centró su candidatura en la promesa de desmantelar redes de nepotismo y transparentar el uso de los recursos públicos. Durante la campaña afirmó que su llegada al poder significaría un quiebre total con los privilegios actuales: “En mi gobierno no habrá nepotismo. Ni Moncada, ni Castro, ni Zelaya”.
El próximo gobierno enfrentará una realidad social y política altamente desafiante, con más del 60% de los hogares hondureños viviendo en condiciones de pobreza, una presencia extendida del crimen organizado, episodios recurrentes de violencia política y una crisis institucional que se ha prolongado durante años.
Además de elegir presidente, la ciudadanía renovó el Congreso con 128 diputados, seleccionó a 20 representantes ante el Parlamento Centroamericano y definió a las autoridades de los 298 municipios del país, configurando un nuevo mapa político que tendrá incidencia directa en la gobernabilidad del próximo mandato.
Con información de CNN