Shohei Ohtani brilla con el bate y en el montículo

Los Ángeles.- Bajo las luces del Dodger Stadium, Shohei Ohtani volvió a demostrar por qué es el pelotero más extraordinario de esta generación. Ante los Colorado Rockies, el japonés firmó una actuación descomunal desde la caja de bateo y sobre la lomita al guiar a los Dodgers a una victoria de 4-1 que dejó al público de pie y a las Grandes Ligas hablando nuevamente de su fenómeno de doble vía.

El espectáculo comenzó apenas en el primer lanzamiento del encuentro. Ohtani se paró en la caja de bateo con la serenidad de quien sabe que puede cambiar un partido en un instante. El derecho Tomoyuki Sugano intentó sorprenderlo, pero el japonés respondió con un swing violento y elegante que envió la pelota a 424 pies por el jardín central. La bola desapareció en la noche angelina y el Dodger Stadium explotó de emoción. Fue el segundo juego consecutivo en el que Ohtani abre con cuadrangular.

Con la ventaja en el marcador, Ohtani subió al montículo y lanzó una obra maestra. Su recta superó constantemente las 98 millas por hora y su sweeper hizo lucir perdidos a los bateadores de Colorado. Entrada tras entrada, el japonés retiró enemigos mientras el tablero de hits permanecía en cero. Aunque regaló cuatro bases por bolas y golpeó a un bateador, jamás perdió el control emocional del encuentro. El cuatro veces MVP terminó su labor con seis entradas sin hit y siete ponches.

Freddie Freeman y Andy Pages también aportaron cuadrangulares, aunque la conversación al final de la noche giró alrededor del japonés. Dave Roberts lo observó con una sonrisa casi incrédula desde el dugout, consciente de que cada apertura de Ohtani parece desafiar los límites tradicionales del béisbol.

Man in glasses with comic blue burst background

Gustavo Garcia

Shohei Ohtani brilla con el bate y en el montículo

Los Ángeles.- Bajo las luces del Dodger Stadium, Shohei Ohtani volvió a demostrar por qué es el pelotero más extraordinario de esta generación. Ante los Colorado Rockies, el japonés firmó una actuación descomunal desde la caja de bateo y sobre la lomita al guiar a los Dodgers a una victoria de 4-1 que dejó al público de pie y a las Grandes Ligas hablando nuevamente de su fenómeno de doble vía.

El espectáculo comenzó apenas en el primer lanzamiento del encuentro. Ohtani se paró en la caja de bateo con la serenidad de quien sabe que puede cambiar un partido en un instante. El derecho Tomoyuki Sugano intentó sorprenderlo, pero el japonés respondió con un swing violento y elegante que envió la pelota a 424 pies por el jardín central. La bola desapareció en la noche angelina y el Dodger Stadium explotó de emoción. Fue el segundo juego consecutivo en el que Ohtani abre con cuadrangular.

Con la ventaja en el marcador, Ohtani subió al montículo y lanzó una obra maestra. Su recta superó constantemente las 98 millas por hora y su sweeper hizo lucir perdidos a los bateadores de Colorado. Entrada tras entrada, el japonés retiró enemigos mientras el tablero de hits permanecía en cero. Aunque regaló cuatro bases por bolas y golpeó a un bateador, jamás perdió el control emocional del encuentro. El cuatro veces MVP terminó su labor con seis entradas sin hit y siete ponches.

Freddie Freeman y Andy Pages también aportaron cuadrangulares, aunque la conversación al final de la noche giró alrededor del japonés. Dave Roberts lo observó con una sonrisa casi incrédula desde el dugout, consciente de que cada apertura de Ohtani parece desafiar los límites tradicionales del béisbol.

Gustavo Garcia

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